Existe un método, aparte de muchos, que resalta entre todos para recuperar el control emocional en tu vida, llamado método Sedona
Creado por Lester Levenson (místico, empresario y maestro espiritual estadounidense), mediante el cual se le pide al individuo que identifique a las personas en su pasado con las que todavía está enojado. También invita a observar aquellas emociones reprimidas que siguen activas, incluso cuando creemos haberlas superado. La premisa central es simple pero poderosa: no es lo que te ocurrió lo que te afecta, sino lo que aún no has soltado.
También, que identifique las situaciones de su pasado por las que todavía está molesto, esas cosas que se hicieron o se dejaron de hacer. Luego se hacen dos preguntas; primero: “¿Deseas liberarte de la negatividad asociada con este infeliz recuerdo?”. Si la respuesta es sí, entonces la segunda pregunta es: “¿Estás dispuesto a dejarlo ir por completo?”. Este proceso, aunque parece sencillo, implica un acto profundo de conciencia emocional que muchas veces evitamos.
Es asombroso cuántas personas no están dispuestas a dejar atrás un evento negativo que les sucedió en el pasado. Sienten que se han ganado el dolor y lo han pagado con tiempo, dinero y sufrimiento personal. Se sienten con derecho a su dolor; en el fondo de su corazón, no están dispuestas a dejarlo ir. Pero sin la voluntad de hacerlo, cualquier método pierde su eficacia. El apego al sufrimiento puede convertirse en una identidad silenciosa.
¿Por qué nos aferramos al dolor?
Desde la psicología moderna, se sabe que el cerebro humano tiende a retener experiencias negativas como mecanismo de supervivencia. Este fenómeno, conocido como sesgo de negatividad, hace que recordemos con más intensidad aquello que nos dañó. Sin embargo, en la vida contemporánea, este mecanismo puede volverse en contra de nuestro bienestar emocional, manteniéndonos atrapados en ciclos de resentimiento, culpa o frustración.
El método Sedona propone algo radical: dejar de luchar contra la emoción y, en su lugar, permitirla y soltarla. No se trata de reprimir, sino de liberar. Esta idea conecta con prácticas actuales como el mindfulness y la regulación emocional, que también invitan a observar sin apego. Soltar no significa olvidar, significa dejar de cargar.
La prueba del lápiz
Imagínate apretando, aferrándote fuertemente a un lápiz en tu mano durante una hora, un día, un mes o incluso años ¿Qué pasaría con tu mano y tu brazo? Estarían atrofiados e incluso inmóviles, paralizados. La tensión constante termina afectando la estructura misma que sostiene el esfuerzo.
¿Qué pasaría si te aferraras fuertemente a una experiencia negativa durante meses y años? Parte de tu personalidad se dañaría con enojo y amargura. El cuerpo emocional también se desgasta cuando sostiene lo que debería soltar.
Ahora extiende tu brazo y abre tu mano con la palma hacia el piso mientras aprietas el lápiz. Aquí está la pregunta: ¿qué sostiene el lápiz en tu mano? La respuesta es obvia, tú lo sostienes y lo aprietas con fuerza. La siguiente pregunta también es obvia: ¿Cómo te deshaces del lápiz? ¿Cómo lo separas de tu mano? La respuesta es simple. Abre tu mano y déjalo caer. Déjalo ir.
Este es un maravilloso ejemplo de la simplicidad de eliminar un evento negativo en tu vida de manera permanente. Con el lápiz, abres tu mano y lo sueltas; con la experiencia negativa que todavía te hace infeliz, abres tu corazón y la dejas ir. El problema no es la emoción, sino el apego a ella.
Soltar como práctica: más allá de la teoría
Aunque el método parece sencillo, aplicarlo requiere práctica constante. Las emociones no desaparecen de inmediato; surgen, se intensifican y, si no se alimentan, eventualmente se disuelven. El acto de soltar no es un evento único, sino un proceso repetido. Cada vez que eliges no aferrarte, debilitas el patrón emocional que te limita.
Diversos enfoques terapéuticos actuales, como la terapia de aceptación y compromiso (ACT), coinciden en este punto: no podemos controlar todo lo que sentimos, pero sí cómo nos relacionamos con ello. El método Sedona se alinea con esta visión al proponer una relación más consciente con nuestras emociones.
Además, soltar tiene efectos medibles en la salud. Estudios han demostrado que liberar emociones reprimidas puede reducir el estrés, mejorar la claridad mental y disminuir síntomas de ansiedad. Lo que no se libera, se acumula, y muchas veces se manifiesta en el cuerpo.
El verdadero control emocional
Contrario a lo que se suele creer, el control emocional no consiste en suprimir lo que sentimos. Consiste en no quedar atrapados en ello. El verdadero dominio aparece cuando dejamos de resistir y comenzamos a soltar. En ese espacio, surge una forma distinta de libertad: no la de evitar el dolor, sino la de no ser definido por él.
Como todo en la vida, es un proceso. Pero iniciar e intentarlo una y otra vez te acercará más a lo deseado. Cada pequeño acto de soltar es una forma de recuperar energía, claridad y presencia. Es una práctica silenciosa que transforma desde dentro.
¿Qué te ha parecido este método?